La visión de los erizos es monocromática al no poder excluir colores, ya que sólo poseen un 4% de receptores de cono en la superficie de la retina. Sin embargo, bajo una luz intensa pueden llegar a diferenciar el blanco del negro, diferentes tonalidades de gris, azul del amarillo, amarillo del gris y amarillo de demás colores, como se ha podido comprobar con experimentos de puertas corredizas en laboratorios que permitían llegar a alimentos.
Los bastones funcionan con niveles bajos de luz, mientras que los conos requieren niveles de luz más intensos. Es por ello que los erizos pueden ver por la noche, aunque su vista es más pobre que la nuestra y no poseen un buen sentido de la profundidad por la disposición de sus ojos.
Conos y bastones de la retina.
La visión no es uno de los sentidos más importantes para los erizos, que prefieren habitar áreas con mucha vegetación, ya que oscurecen las líneas de visión y son nocturnamente activos. Aun así, estos animales son capaces de distinguir diferentes formas, como obstáculos del paisaje y siluetas identificativas.
Se conoce que las probabilidades de lastimarse los ojos en los erizos salvajes es alta, aunque estos individuos pueden sobrevivir siendo parcialmente ciegos. Por más que topen con objetos, son capaces de recorrer largas distancias y seguir apareándose normalmente gracias a otros sentidos.